Memoria Social

 

Áyax 20 años (ahora casi 29 años).

Bien, la forma en la que entré a la universidad en la carrera de psicología fue toda una epopeya.

Cuando estaba en el bachillerato, en 6º semestre hice mi primer examen, siempre con la idea de estudiar psicología. Para sorpresa mía no me quedé en ninguna universidad. El segundo intento fue el de la segunda vuelta y a pesar de que subió el número de mis aciertos no quedé. Ya para el tercer intento había terminado el bachillerato y entré a trabajar, se me presentó la oportunidad de entrar a un curso de preparación para el examen, dejé el trabajo al que acaba de entrar para estudiar sin distracción, en fin.

Llegó el día de presentar el examen. Cuando recibí los resultados no me quedé en ninguna universidad, me sorprendí porque había estudiado en verdad, me preparé para presentar el examen, vi que mis aciertos fueron mucho más altos que los dos exámenes pasados, con todo y eso seguía sin escuela.

Después de eso empecé a pensar en ya no estudiar y empezar a buscar un “buen” trabajo, pero poco después de entrar en esa situación de frustración me enteré de un movimiento. A mí me dijeron que ayudaban a que los chicos a entrar a las universidades, fui muy desconfiado porque cosas así te toman el pelo, pero resultaba que la chica que me comento de ese movimiento ya estaba terminando la carrera de pedagogía en la FES Aragón. Fui a la asamblea en la Facultad de Ciencias Exactas, al entrar al salón en el que estaba la asamblea vi a muchos chicos y hablaban del problema educativo en México. Otros pasaban a contar su anécdota de cómo fue su proceso para entrar a la carrera.

Claro que me quedé muy confundido porque la ayuda que pedían era prácticamente mínima y era para carteles, volantes, en sí, para difundir y cosas necesarias para el movimiento. Cuando terminó la asamblea que duró demasiado tiempo pasamos a qué nos apuntaran en las listas. Teníamos que decir cuántas veces habíamos hecho el examen, carrera y en qué escuelas. Después nos organizamos para dividirnos en trabajo por áreas o comisiones.

También podíamos entrar a alguna comisión del movimiento y de las que recuerdo era la comisión de radio, mesa de dialogo, redes sociales y otras. Explicaban de qué trataba cada una y dijeron que la mesa de dialogo era la que entraba a discutir con las autoridades y analizaba lo que pasaba en el movimiento. Dieron los días en que se reunían y la hora. Entré a la mesa de diálogo con una amiga que conocía del bachillerato (Diana) y al principio no entendíamos mucho ni participábamos, con el tiempo nos fuimos soltando para participar.

Salir a dar información a las escuelas de media superior es un trabajo agradable porque llegas con otras personas que si hacen el examen probablemente no se queden y les explicas que hay otra forma de entrar a la universidad que no es el examen de “selección”. Te hacen preguntas y prácticamente entablas una relación con ellos porque te pedían tu número para cualquier cosa que necesitaran.

Dar información en el metro es un poco complicado al principio porque tienes que hablar fuerte para que todos en el vagón te escuchen. Lo que dices es meramente información de lo que pasa en México y en la educación.

Salir a las calles a manifestarte es toda una experiencia, una experiencia que puede ser o muy traumática o muy agradable y justamente en mi primera marcha con el movimiento fue traumática y agradable al mismo tiempo. Lo explico con lujo de detalle.

Nos quedamos de ver afuera del metro “La Normal” para la marcha del Halconazo de 1971.Yo nunca había participado en nada igual. Había mucha gente y empezamos a acomodarnos para salir en marcha, fue muy chistoso porque el contingente del mi movimiento estaba adelante de los tan famosos “anarquistas”.

Empezó la marcha con la consigna “¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!, alerta al que camina, ¡la lucha estudiantil por américa latina!” Jamás la había escuchado y evidentemente no me la sabía. Caminamos y caminamos, aventando las consignas, brincando y echando desmadre. Me sentía bien.

Estábamos llegando a la plancha del zócalo y cuando ya estábamos entrando, los granaderos empezaron a movilizarse. Tantito después de que pasamos nosotros cerraron la plancha del zócalo y los “anarquistas” estaban aventando petardos y golpeándose con los granaderos.  Me saqué de onda porque nunca había vivido algo así (sabía que pasaba), pero pudimos llegar bien al mitin y una señora que estaba hablando dijo que toda esa violencia se la agradeciéramos a nuestro “honorable” jefe de gobierno “Miguel Ángel Mancera”, en ese momento todos empezamos a silbarle mentadas de madre.

Cuando ya nos íbamos, salimos en contingente por la calle 20 de noviembre aventando consignas, íbamos bien, íbamos tranquilos, sin hacer nada que afectara a las personas o a las calles. Unos pocos minutos antes de llegar al metro “Pino Suárez” empecé a escuchar un sonido de zapatos o en este caso botas golpeando el piso, vi hacia atrás. Mi sorpresa fue que ya venían los granaderos.

Todos nos asustamos porque muchos éramos nuevos y no sabíamos qué hacer o cómo reaccionar. Empezamos a correr, pero los compañeros que ya tenían experiencia nos empezaron a decir que no corriéramos, que nos fuéramos tranquilos porque nada nos iba a pasar, solo que sí camináramos rápido. Justo antes de entrar al metro se cae la manta del movimiento. Un compañero y yo la recogimos, la doblamos lo más rápido que pudimos. Ya después me quedé con ella y me la lleve a mi casa, pero lo interesante fue que entramos al metro diciéndole al policía de los torniquetes que nos dejara pasar porque ya venían los granaderos, ya estaban a nada de nosotros y el policía dijo que no, pero un chavo se brincó los torniquetes y todos lo seguimos haciendo lo mismo.

Ya en el metro la gente estaba corriendo, vi a un chavo. Le dije que yo me quedé con la manta. Me dijo que me la quedara y luego la regresara pero que la escondiera. Me fui con Diana. Íbamos escondiendo la manta con las chamarras. Íbamos asustados, pero ya cuando llegamos al metro que nos queda más cerca de las casas nos relajamos. Después de eso terminas muy fogueado de lo que puede pasar y aprendes a reaccionar rápido.

Las marchas siguientes eran más tranquilas porque ya eran solo del movimiento, solo participábamos los compañeros que lo componíamos. Hicimos una rodada del metro Chapultepec al Ángel de la Independencia, fuimos a Zacatenco afuera de la dirección general a un mitin, muchas asambleas, demasiados volanteos.

Empezamos a juntar dinero para una velada que hicimos. Las comisiones nos dimos a la tarea de juntar ese dinero porque nadie tenía para pagarlo y unos vendieron postres, otros hacían trucos de magia, pero unos cuantos de mi comisión nos intentamos caracterizar de mimos, nos pusimos un letrero que decía el por qué pedíamos el dinero y a dar información como mimos. Que fue muy gracioso porque nadie sabía cómo hacerle, pero un amigo empezó y de ahí nos agarramos todos para hacer lo mismo.

Empezamos en el metro “Hidalgo” y terminamos en bellas artes. Fue otra cosa nueva porque los que no querían o podían dar dinero nos daban algo para comer, dulces o algo. Ya después esa idea fue general, todos en el movimiento lo hicimos, pero para un semáforo informativo en Reforma.

Cuando llegó el día de hacer el cuarto intento para el ingreso a la universidad, ya estando en el movimiento estábamos dando información en las sedes donde se habían aplicado los exámenes. Esa vez nos tocó a unos compañeros y a mi dar los volantes invitándolos al movimiento y todo eso en el CUM (Centro Universitario México). Un amigo que se llama Diego llevó un megáfono y empezó a hablar, pero una señora se acercó molesta diciendo que ya ni la chingabamos. Porque estábamos interrumpiendo a los que estaban haciendo el examen, que ella sabía que México y la educación estaban pasando por un momento terrible pero que no molestáramos a los otros con el ruido, él dijo que estaba bien y empezó a hablar sin el megáfono y nosotros empezamos a dar la información. Sí había quien te preguntaba y se mostraba interesado. Terminamos de dar información ahí y nos fuimos a otra sede donde hicimos lo mismo.

 

Ya me tenía que ir a donde me había tocado presentar el examen. Me acompañaron algunos con los que estábamos volanteando entre ellos Diego y les dije que me dieran más volantes para cuando yo terminara mi examen repartir los volantes. Cuando llegamos nos encontramos con otras compañeras, una de ellas era Kelly, que estaban dando la información, platicamos un rato y entré a hacer mi examen.

Seguimos haciendo trabajo en el movimiento hasta que llegó la velada que ya estábamos organizando. Me tocó estar en la comisión de seguridad.

Ensayamos Toño, Nora, Dianita y yo un discurso que preparamos para esa noche. Fue otra de las cosas que me costaron trabajo porque éramos cuatro los que hablamos enfrente de todos los que ya estaban en la velada. Lo dijimos, y al final de los nervios y sudor en las manos, aventamos la consigna del movimiento, todos gritamos, aplaudimos y la velada siguió.

Natalia Gómez Quintero reportera del periódico “El Universal” me entrevistó. Me preguntó cuánto tiempo llevaba haciendo el examen, a qué carrera y como me sentía por no haber podido quedarme en mis exámenes pasados, qué pensaba de la educación en México y cómo me estaba sintiendo esa noche porque la velada la hicimos el mismo día que daban los resultados del examen y ahí los íbamos a revisar. Si no quedábamos nos íbamos a sentir bien porque lo que ya habíamos hecho no iba a ser por nada y la lucha seguía. Me pidió mi teléfono para después marcarme para preguntar cómo me había ido y seguir la nota que estaba haciendo. Entrevistó a otro compañero, Ian, y a todos no deseó buena suerte.

Llegó el momento de ver los resultados. Vi que no me quedé, me sentí por cuarta vez mal, pero esta vez no tanto porque estaba con todas las personas con las que había trabajado, platicado, convivido, compartido momentos que jamás pensé pasar. Diego me abrazo y me dijo que no me preocupara porque ahora teníamos que trabajar más fuerte para conseguir los acuerdos, que lo había hecho bien, que no me preocupara porque todos nos íbamos a apoyar hasta que terminara todo como lo estábamos planeando. Respire profundo, con ganas de llorar. Me marcó mi mamá preguntándome cómo me había ido. Le conté que no me quedé y ella me dijo que las cosas pasaban por algo pero que recordara que tenía el apoyo de ella y de toda mi familia, que no olvidara cuál era mi meta y que todavía no terminaba lo que estaba haciendo.

Las actividades cada vez eran más seguidas, eran más grandes, tan grandes que las hacíamos en el auditorio de la sección 9 de la CNTE que está cerca del metro Allende. Habíamos muchas personas, llegamos a tal punto que se llenó el auditorio y muchos estábamos de pie, ya nadie entraba.

Hicimos marchas para invitar a la SEP y universidades a la mesa de negociación, pero tardó ese proceso. Para presionar a la SEP hicimos un cerco simbólico de veinticuatro horas. Todos con nuestras casas de campaña y en sí lo necesario para pasar la noche. Hicimos comisiones para cuidar el campamento, nos rolábamos en el transcurso de la noche para que todo estuviera bien. ¡La mamá de un amigo nos llevó atole para todos!

También hicimos una asamblea en el casco de Santo Tomas cuando salieron los resultados del IPN. Ahí hicimos un video que se llama “Manifiesto a la Juventud Mexicana” ese manifiesto fue el mismo que leímos en la velada.

Después por fin se hizo la mesa de negociación y como yo participaba en la mesa de dialogo del movimiento escogimos a los que iban a representar a todo el movimiento con las autoridades. Tuve la oportunidad de participar en esa mesa. Esa mesa duró cerca de una semana y sus días, fueron días muy cansados, las reuniones con las autoridades eran de ocho a diez de la mañana y terminaban hasta la noche. Discutimos sobre la educación de México y empezó lo fuerte, que era empezar a negociar los acuerdos para que entráramos a la universidad.

Es chistoso decirlo, pero entre los representantes de las universidades había riñas y los representantes de la UNAM lo hicieron evidente porque dijeron que tal pareciera que esas reuniones eran con la intención de cansarnos entre nosotros. Dijeron que nadie hacia nada, así que ellos iban a llevar comida para todos y así fue. Llegaron trabajadores dela UNAM con cajas que tenían comida, platones llenos de fruta. Cuando empezamos a comer nos dimos un descanso y empezamos a platicar unos con otros.

Cada que terminaba una reunión con las autoridades íbamos todos los de la mesa de negociación a la asamblea del movimiento a decirles qué estaba pasando, cómo se están acomodando las cosas con las universidades y todo lo decíamos hasta que un día en la mesa de negociación las cosas se pusieron pesadas con la UNAM. Decía que no iban a dar ningún lugar. Y claro que nos alarmó eso, así que lo hablamos con la asamblea del movimiento y acordamos un plantón indefinido en frente de rectoría. Todos llegamos otra vez con nuestras casas de campaña y todo lo necesario para no pasarla mal. Ahí, la verdad se te iba el tiempo rápido porque todos estábamos platicando, unos jugando, cantando, etc. Las noches pasaban rápido.

Llegamos al día siguiente con las autoridades y los representantes de la UNAM se indignaron mucho porque dijeron que así no se hacían las cosas, que por algo estábamos dialogando para llegar a un acuerdo para que nadie terminara perdiendo. Así que nos dijeron que quitáramos el plantón, de lo contrario ellos no iban a entrar en discusión con nadie y como vimos que funcionó el plantón nos retiramos de rectoría, me parece que fueron dos días los que estuvimos ahí.

Hicimos una marcha de antorchas desde la UPN hasta la rectoría de la UNAM. La cita fue en la noche, una de las mejores marchas. La marcha salió en las noticias, al día siguiente el representante de la UAM nos dijo que se vio súper bien salir con las antorchas.

Las reuniones con las autoridades eran frente a insurgentes norte muy cerca del metro Tlatelolco en el edificio de Banobras. Las pláticas seguían fluyendo hasta que los representantes del IPN dijeron que no iban a respetar los acuerdos de los años pasados. Eso nuevamente nos alarmó. Lo contamos a todos los compañeros y decidimos hacer un plantón en Zacatenco frene a la dirección general. Muy curioso esa noche que fuimos a ponernos en plantón, había algunos compañeros del IPN que estaban en huelga de hambre porque querían su cambio de carrera que el Politécnico les prometió siempre y cuando cumplieran con algunas condiciones, pero a pesar de que cumplieron sus condiciones no les querían dar el cambio. Esa noche estaba lloviendo y ellos no tenían en donde dormir o con qué taparse. Prácticamente la estaban pasando mal, así que algunos compañeros les prestaron una casa de campaña y algo para taparse. Yo me fui ya muy noche. A mi casa llegué a las dos de la madrugada, al día siguiente teníamos la mesa con las universidades y la SEP.

Ese fue el último día de todo el proceso de ese año y fue el día más pesado porque ya todo dependía del IPN y no daba resultado a nada. Todas las autoridades ya habían dicho lo que tenían para ofrecer y el politécnico no hacía nada. Cerca de las cuatro tuvimos que ir a donde estaba el campamento. Les platicamos cual era la situación y después de una larga charla con todos los compañeros acordamos que el campamento se iba a pasar afuera del edificio de Banobras en Insurgentes Norte. Todos nos movimos para que las autoridades sintieran la presión del todo el movimiento. La mesa siguió, pero ahora con todo el movimiento afuera del edificio aventando consignas y de alguna u otra forma sí se siente el apoyo moral de los que estaban afuera.

El Politécnico empezó a dar respuestas. Dieron 25 lugares de incorporación inmediata, la UPN ya había dado me parece 120 lugares, la UAEM no recuerdo cuantos dio, pero fueron bastantes, en fin, ya había acuerdos y de repente dice la UNAM que ellos solo iban a dar creo que 80 becas y nuevamente se complicó todo lo que ya teníamos. Dijeron que los lugares que daban eran muchos porque las otras universidades ya habían dado mucho así que esos lugares por parte de la UNAM eran los que según ellos necesitábamos. Todavía dijeron que ellos no podían cumplir con la demanda del movimiento porque todos querían CU. Levanté la mano para participar. Le dije a el Dr. Isidro Ávila Martínez (unos de los tres representantes de la UNAM y Director General de Administración Escolar) que cuando fue el examen para evaluar el desempeño de las escuelas y profesores de las escuelas de media superior yo fui el primer lugar con mejor desempeño, con todo y eso no me había podido quedar en la universidad, que no todos queremos estudiar en CU, yo quiera estudiar en la FES Zaragoza. No era un argumento válido para dar la cantidad de lugares, porque muchos compañeros del movimiento habíamos sacado muchos aciertos para quedarnos en la UNAM y en otras universidades y aun así no teníamos ningún lugar y guardó silencio.

Bajamos con los compañeros a decirles que nos jugaron chueco los de la UNAM porque se esperaron a que todos dieran lugares para después ellos dar poco. Todos estábamos caídos porque no lo esperamos. Fue un momento difícil, teníamos que tomar una decisión y seguir con la mesa, pero teníamos en cuenta que no había sido lo mejor como propuesta por parte de ellos. Algunos compañeros entre ellos Jorge, Dianita y otros intentaron levantar el ánimo de todos. Era verdad que no era lo mejor pero que no dejáramos pasar lo que ya teníamos, así que decidimos tomar la oferta.

Firmamos los acuerdos y salimos a las 10 de la mañana del otro día. Leímos los acuerdos en frente de todos, gritamos por al fin haberlo logrado con todo y todo lo logramos todos. Ese mismo día hicimos una marcha y llegamos hasta la SEP.

Después fuimos a negociar con la UACM ya que en la mesa pasada no los invitó la SEP y fue más fácil dialogar con esa universidad. De igual forma apoyamos a los compañeros de la Normal de Maestros y también lo conseguimos.

Los acuerdos que firmamos con la UNAM era que básicamente una beca completa, había que tener un promedio mínimo de ocho, sin reprobar materias por un año en una escuela incorporada a la UNAM. La UPN dió lugares inmediatos de incorporación, el IPN los 25 lugares también inmediatos, la AUEM no recuerdo cuantos, pero todos eran de incorporación inmediata. La UAM fue la única que no dio nada y ellos nunca han dado lugares en los 10 que lleva el movimiento, también la Escuela de Archivonomía y Biblioteconomía dio lugares de incorporación inmediata.

 

Entramos a la escuela después de casi un mes de haber empezado el ciclo escolar 2013. Fue algo pesado ponerse al corriente con apuntes, comprar libros y de más, pero nada con lo que no se pueda, después de tantísimo que hicimos en el movimiento.

Llegó el 2 de octubre del 2013 y salimos a la marcha de cada año. Una marcha en extremo difícil porque justo cuando íbamos llegando al metro Hidalgo los granaderos y anarquistas se empezaron a confrontar y estaban justo de frente a nosotros. Cuando empezó todo el disturbio los compañeros empezaron a correr, dividirse, unos se metieron al metro y ya no los vimos hasta después, otros se salieron de la marcha, Dianita, Nora, Roy, Brisa y yo fuimos a buscarlos para regresar con los demás que nos estaban esperando. Lo peor fue cuando nos aventaron el gas pimienta o lacrimógeno no sé qué fue, pero no podía respirar ni ver bien. Me empecé a sofocar y a caerme, pero por suerte llevaba un refresco. Entonces, lo que hicimos, fue limpiarnos bien toda la cara y la nariz con el refresco, rompimos palestinas y paliacates para ponérnoslos en la nariz y boca. Los mojamos con refresco para que ya no siguiera el efecto del gas que nos aventaron.

Cuando reunimos a los que vimos que se habían salido de la marcha empezamos a buscar a los otros que seguían esperándonos para irnos y los granaderos cerraron la calle que está a un lado del metro Hidalgo. Lo primero que pensamos fue que nos iban a agarrar los granaderos, pero empezamos a caminar rápido para alcanzar a los otros. Lo hicimos lo más rápido que pudimos, pero ya estaban muy cerca los granaderos.

Pudimos encontrarnos y salimos por calles chicas hasta que llegamos al campamento de los profesores de la CNTE que estaba en el Monumento a la Revolución. Cuando estábamos ahí todos los que llegamos con los profes hicimos una valla para que no pasaran los granaderos, pero los profes se reunieron rápido y acordaron salir a defendernos porque nosotros ya los habíamos apoyado en las marchas que se hacían por la reforma educativa que implementó Peña (en ese entonces el presidente) y salieron con todo para enfrentar a los granaderos. Lo bueno fue que se tranquilizaron las cosas y ya no hicieron nada los granaderos. El problema fue que nadie podía entrar ni salir, así que nos organizamos para que todos pudiéramos salir sin que nos pasara nada porque si esperábamos más tiempo las cosas se iban a poner feas e hicimos otras comisiones para poder salir.

Eran comisiones chicas de cinco personas, salíamos los cinco con cuidado sin llamar la atención y uno regresaba para decirle a los de más que no había pasado nada y solo así fue como salimos de esa marcha.

Cuando estábamos encerrados en revolución una compañera que se llama Claudia, con mucha experiencia en todo eso nos dijo que no nos espantáramos porque eso es lo que quiere el gobierno, que te espantes para que después no salgas a manifestarte por miedo a que te hagan algo y claro que lo tomáramos como una experiencia para cuando pasara algo así saber reaccionar.

Cuando fue el problema de los profes de la CNTE salí a todas las marchas en apoyo, participé en muchas tomas de estaciones del metro cuando subieron el precio del boleto. Muchos del movimiento nos manifestamos en la línea que va de metro Taxqueña a metro Cuatro Caminos y después se nos ocurrió ir a tomar los torniquetes de la estación Taxqueña, ahí nos quedamos un buen rato.

En una de esas marchas que se hacían del “pos me salto” Calderón y yo nos quedamos en el metro Benito Juárez y tomamos la estación. No tardó mucho en llegar más gente para apoyar, nos encontramos con Víctor y a otra chica que también eran compañeros del movimiento. Ya teníamos más experiencia en eso.

Terminé mi año en la privada con promedio de 9.1, seguí apoyando al movimiento en los acuerdos del siguiente año. Y después me marcaron para decirme que me había quedado en la FES Zaragoza.

Arreglé mis papeles y empecé a estudiar en la FES después de casi un mes de haber iniciado las clases. Me puse al corriente con mis apuntes y lo que me hacía falta en la escuela por segunda vez y la verdad ya no fue tan difícil como la primera vez.

Trabajé un tiempo con un colectivo de la FES que fue organizado por un chico del movimiento. Hablamos con Gabriela, Marisol, Viridiana, Jovana, Ana y Sara para que participaran en el colectivo, me acuerdo que nos llamábamos o más bien el colectivo se llamaba “CLEZ” (Comité de Lucha Estudiantil Zaragoza). Organizamos el contingente del 2 de octubre del 2014 ahí en la facultad y salió enorme. Éramos muchos “zaragozanos”. Esa marcha estuvo muy tranquila, no pasó nada, nadie terminó golpeado ni nada en lo absoluto.

Todo eso fue cuando querían privatizar el IPN y se hicieron movilizaciones masivas de estudiantes en apoyo a los compañeros del IPN. Para suerte de este país no tardó mucho en saberse lo de los 43 normalistas desaparecido de Ayotzinapa. En el colectivo empezamos a informarnos y a empezar la organización con los compañeros de la facultad para salir a manifestarnos y apoyar dos fenómenos que amedrentaban la integridad de estudiantes, la situación del IPN y la injusticia trágica de Ayotzinapa. Según profesores de mi facultad entre ellos Mario Ayala dicen que ese han sido uno de los contingentes más grandes que han salido de Zaragoza y que el contingente de Zaragoza ha sido de los más grandes en las movilizaciones masivas. Me da orgullo decir que mi facultad haya luchado tanto.

En la marcha del 20 de noviembre de ese mismo año salimos en marcha de mi facultad y bueno toda la marcha estuvo muy tranquila, pero eso así para donde voltearas veías contingentes enormes de estudiantes, trabajadores, maestros, sindicatos y más. En el metro solo escuchabas gritos de un mundo de gente pidiendo justicia. Salías a acomodarte en contingente para la marcha y eran gigantescos los contingentes, consignas por todos lados. Al final de esa marcha ya no pudimos entrar los de la FES Zaragoza a la plancha del Zócalo, pero Calderón, Isaías, Gaby y yo teníamos ganas ir a ver que estaba pasando ahí.

La sorpresa que nos llevamos fue que, en las partes más altas de palacio nacional, la catedral y los de más edificios aledaños a la plancha del Zócalo había francotiradores apuntando a las personas que estamos en la plancha. En marchas pasadas un tipo había quemado la puerta de palacio nacional así que pasó lo mismo esa noche y salieron los granaderos a quitar a la gente de ahí, pero los famosos infiltrados en las movilizaciones hicieron de las suyas. Los granaderos empezaron a golpear a la gente y antes de que pudieran alcanzaros salimos del zócalo lo más rápido que pudimos hacia la sección 9 de la CENTE. Tocamos la puerta y le dijimos que éramos del movimiento. Les contamos rápido lo que estaba pasando y nos dejaron entrar. Ya adentro platicamos con ellos de como terminó todo así. Escuchamos que ya todo se había calmado y nos fuimos. Les dimos las gracias.

Cuando se hizo la asamblea inter universitaria se acordó que entraríamos en paro. La primera vez fue de 24 horas, la segunda creo que 48 y de la que sí no me olvido es la de 72 horas. Ese día todos en campus dos estábamos como locos apoyando y tomando cartas en el asunto por lo que pasaba y en ese paro de 72 horas hubo una marcha y salió un contingente grandísimo de Zaragoza. La marcha salió en la estación del metro Auditorio.

Fue una marcha muy larga. Llegamos al Zócalo Gaby y yo, entramos a ver más de cerca a los papás de los normalistas. Pasaron también los papás de la guardería “ABC”, de Atenco y de muchas otras partes donde el estado había hecho de las suyas y justo antes de terminar el mitin subió Atzelbi (una compañera del movimiento) a decir que todos los que fueran de la UNAM los necesitaban en Ciudad Universitaria porque la policía había entrado a la universidad. Todos reaccionamos sacados de onda porque había sido la segunda vez que la policía entra a la universidad y las causas eran una tontería. Una mentira de los medios de comunicación. Dijeron que estudiantes de CU habían quemado un metrobus frente a la Facultad de Psicología y que por eso los uniformados habían entrado armados, que llegaron hasta trabajo social y se retiraron. Todos lo que estamos fuimos a escuchar que pasaba y empezó la organización. Participaron compañeros de CCH y prepas también. En CU hubo una reunión de activistas para evaluar la situación y tomar cartas en el asunto, pero como siempre las autoridades universitarias no hicieron nada.

Mucho después las cosas ya no eran tan sabidas porque los medios de comunicación dejaron de pasar notas de las movilizaciones por Ayotzinapa. El IPN consiguió sus acuerdos para que no lo privatizaran. Esa fue una lucha ganada por todos, el apoyo de todos logró que pensaran mejor lo que tenían planeado hacer con el instituto. Ahora sólo no se sabe qué pasó en verdad con los normalistas y el país dejó de recibir información y también muchos dejaron de estar al pendiente de ese tema.

Yo dejé el colectivo por algunas causas y las de más compañeras igual. Sigo haciendo el mejor esfuerzo por aprender de mi carrera y de lo que pasa en este país.

Se me abrió el panorama de forma inmensa a todo lo que pasa, el problema educativo, problemas sociales y de más. Ya que no tengo el tiempo de ir a el movimiento, cuando salgo a tocar la guitarra en los microbuses (que eso es de lo que hago para ayudarme con los gastos escolares), al final de cantar digo algo que piense en ese momento, algo que pueda servir para que la gente tome conciencia de mucho de lo que pasa está mal y nosotros como el pueblo, debemos exigir el cambio y si no nos toman la palabra, hacer el cambio nosotros.

El movimiento me dejó mucho. Conocí a personas de las cuales no me voy a olvidar, aprecio a todos los que compartimos la misma historia en vidas diferentes, también gracias a eso sigo estudiando. Ya estoy en sexto semestre, sé que tengo que devolver el favor, tal vez no lo he podido hacer como antes pero sí lo hago por mi cuenta en las calles. A fin de cuentas, lo hago donde lo aprendí, en las calles.

 

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